sábado, 15 de julio de 2017

Talento y momento. Aufgang, "Istiklaliya" (2013)

(Agradezco a Diego el pase de mano, que viniendo del bolsillo de Psyco --a quien agradezco también, donde quiera que esté...-- puso en mis oídos
Aufgang), que es un dúo que alguna vez compusieron tres integrantes: Rami Khalifé, Francesco Tristano y Aymeric Westrich (de izq. a der. en la foto)
Rami y Francesco dieron origen, allá a comienzos del 2000, a una fuerte amistad fundada en los estudios comunes de Juilliard y los boliches neoyorkinos frecuentados. Ambos pianistas, incorporaron a Aymeric a la batería y en 2009 estrenaron el disco homónimo "Aufgang", con el mote desafiante de "electroclásica", bajo el sello francés Infiné. Produjeron un EP al año siguiente, "Air on Fire" y en 2014 Tristano abandonó el grupo para seguir su carrera solista. Llegado el 2016 el viejo nuevo dúo de Rami y Aymeric lanza su último disco, "Turbulences", del que no vamos hablar acá.

En el entre, año 2013, "Istiklaliya" --"Independencia" en turco-- alcanza un hito con respecto a lo hecho. Donde "Aufgang" había sido osado y heterogéneo "Istiklaliya" en cambio produjo algo definitivo, electrónico, llevado de cabo a rabo con una sencillez engañosa. No basta con escucharlo una, dos o tres veces. El disco demanda, porque los arreglos, la producción demandan, que sea pasado por el paladar varias veces, ya que las grabaciones del trío favorecen la espontaneidad y el arreglo de la música y la post producción revelan lo mejor del esfuerzo. Imagino encima aquello que remite a los sets de DJ que compartieron Francesco y Rami en sus años dulces, pero asociado a caprichos de tenor académico.

Aufgang tiene, al menos hasta este disco, tres componentes: piano, batería e ingeniería de sonido. No hay más. No hay bajo, no hay voz. No hay nada que ate suficientemente estos elementos, más que una relación concreta de trabajo entre quienes los interpretan. Es notable. En ciertos pasajes --no todos-- cada cual logra una libertad asombrosa, seguramente convenida, pero que hace pensar en una improvisación en el estudio envuelta en un trío ensamblado y naturalmente unido.

El álbum atrapa con la primer propuesta. Comienza con un golpe sombrío del teclado, creciendo a paso ligero con una melodía solapada, y de inmediato "Kyrie" --como un Raskólnikov-- se abisma apresurado a una distorsión seductora y usualmente perimida para un timbre tan reconocible. Es la batería, apareciendo tenue en el fondo, corrompiéndo la melodía con el ritmo firme. Señala el rumbo de lo que viene, pero solo permite sentir una fracción del total, porque todo lo que sigue alcanza cotas aún más lúcidas y corruptas, si es que un piano de cola puede ser epítome de lo puro en la música.

"Balkanik" es una película de Kusturica, para ignorantes como yo. Las bajadas con a última nota sostenida recuerdan acordeones galácticos que en definitiva son inrecordables. Bellísimas, sustuídas de inmediato por el piano y el piano desplazado de nuevo por un espacio autónomo. El tema crece, amplio en sus mejores momentos, y al final es tan bolichero como los mejores. Que lindo tema la concha de la lora.

"Vertige" se entuba de entrada a enorme velocidad. Es tremendo el comienzo. Tanto Aymeric como Francesco se tiran de clavado sobre sus instrumentos. Los tambores que suenan de izquierda a derecha recuerdan momentos brillantes y terribles de principios de los '80, y los sonidos sintetizados se abren a la ciencia ficción. Específicamente ese momento de mitad del tema en donde el ruido se confunde con una nota obsesiva del piano, que después hace acto de presencia, me fascina. Creo que es genial, lisa y llanamente.

Antes que el nombre voy a decir: pura inestabilidad. "Abusement ride" es el ticket de entrada a una montaña rusa, en un parque de diversiones perverso, en un sometimiento severo y no siempre disfrutable a sonido sádico de feria. No voy a decir más. Espero que las voces alejándose al final sean suficientes para llevar tranquilidad a sus almas.

Todo lo que puede dar de bondadoso "Istiklaliya" está condensado en "African Geisha", desde la estética --me recuerda con insolencia a "Afro samurai"-- hasta la distinción clara de los timbres y la tónica de este tema con todo lo que lo rodea. Es aún más patente su carácter de oasis por ser único entre todo lo que lo rodea.

¿Por qué el título del séptimo tema del disco es "Diego Maradona"?

Entero es una oda al más célebre+infame jugador de fútbol, un icono que roza lo hercúleo, y a veces lo más bajo, para muchos en Argentina y el mundo. Venía hoy atravesando la llovizna incesante de Rosario, invierno 2017, en la Sprinter que manejo de lunes a viernes para ganarme el pan. Venía manejando a 90, quizá 100 por Av. Circunvalación y pensando, mientras a mi derecha quedaban atrás camiones, y a mi izquierda las Amarok y las Hilux --hijas e hijos de mil puta'-- pasaban a 140, 150. Venía yo pisando despacio el acelerador, sosteniendo un equilibrio delicado y precioso para la vida, pensando que Maradona debió tener una sensibilidad superrima en los pies marcada a fuego. Algún fuego debía tener. Quiero decir, ¿cómo se explota del modo en que lo hacía él, casi rodando como la pelota, en un campo llano y bajo la mirada atenta de todos, incluso sus adversarios? ¿Cómo? Solo se puede siendo repentino, produciendo momento.
Frente a la dificultad mostraba la capacidad --inusitada-- de arrastrar los fallidos del contrincante y hacer con ellos una bola de nieve. O sea: cada victoria mínima sentida en la planta de los pies lo agigantaba, lo hacía enorme. Se edificaba enseguida, con una velocidad abrumadora, desde lo más bajo hasta la gloria. Y creo que Tristano, quien compone este tema en homenaje a su figura --y sospecho que a su paso por la Liga Italiana-- debió pensar algo parecido, porque acá está todo esto que acabo de inventar, hecho música, e incluso con reminiscencia de aquella conocidísima canción del Mundial de Italia '90, “Un'estate italiana” compuesta por Giorgio Moroder.

Voy a saltarme "Stroke" y a decir que "Rachel's run" se revuelve un poco indecisa, a veces, en lo que podrían ser trances de Infected Mushroom y el piano no aplaca esa sensación que el disco en realidad logra antes, por lo que para un cierre suena un poco excesiva.

Crece en baches toda la obra. A mi me asombra escuchar como de lo simple se producen explosiones rítmicas, poderosas. Creo que es una señal de ese supuesto talento del que nada puedo afirmar. Entonces sí: "Istiklaliya" es el emblema de Aufgang, quizá el que provee la mejor prueba de la potencia de sus miembros, conjugada. Lo que en el homónimo de 2009 fue experimentación dura y pura, pasada por el EP de 2010 --emblemáticamente en "Dulceria"-- se cuaja acá en una combinación asombrosa y lúcida, que después con el último disco de la banda, eximido de Tristano, se vuelve electrónica o post electrónica o lo que sea. 


Y remontemos de nuevo: todo es una ejecución de tres prodigios musicales, lo cual para muchos no garantiza ningún resultado --me incluyo--, pero que como obra, una vez pasada y repasada, instala una poderosa afirmación que posiblemente quepa entre esas: las bien resueltas, las impecables y atrevidas.


JMO

Stroke [mp3 320] 

martes, 20 de junio de 2017

Imágen y fidelidad. Beach House, "Bloom" (2012)







"A lot of people listening to music now just go, 'Good tones…' and that's it. But we're obsessed with
songs. Sometimes, I feel like people aren't even listening to our songs, they're just listening to the sound."


(Agradezco la escucha a Hernán S., una tarde demolida en el departamento demolido de Pino)

Victoria siente el frío apoyándose en sus dedos, los mira y dice:

“Help me to name it
Help me to name it”

Transcurren los segundos y desde el público se la ve inmóvil, con las yemas suspendidas sobre el teclado. Atrás, sobre una meseta enrojecida del desierto de Sonora, una bola enorme parecida a una estrella se hunde, despacio, en el horizonte.

El público aguanta la respiración. Ella mira hacia atrás. La chancha se enciende. La tensión sube. La velocidad aumenta y la guitarra de Alex comienza a pasar al frente. Todo lo indica. ¡Y BAM! Entonces arpegia y se escucha:

“Found yourself in a new direction
Eons far from the sun”

Ahí mismo, tema uno y ya hay uno de esos picados tipo esmerejón cazando una golondrina para sumergírte de nuevo en el océano sonoro que es Beach House.

Lo reconozco: las comparaciones son siempre una tentación, sobre todo para una banda que algunos anons dicen es sucesora espiritual de Cocteau Twins --Guthrie mismo les lanza algunas flores y miguelitos-- y sobre todo con casi doce años de recorrido y seis discos de estudio. Brevemente:

Hay algo de shoegazing en BH. Sí. Se la compara a Slowdive. La voz de Victoria suena bastante así, y las guitarras punteadas y elongadas de Alex son una máquina del tiempo programada en los ‘90. Pero BH no pretende complacer ni ser "retro".

Ambos se conocieron en 2004 por un amigo en común. Beach House se conformó a finales de la primavera de 2005, y desde entonces trabajan juntos y por su cuenta: Alex es carpintero y Victoria bartender.

En 2006 sacan su primer disco de estudio, después de algunas presentaciones teloneando bandas como Grizzly Bear y Clientele. Acá voy a trazar mis líneas. Su primer disco es el comienzo del segundo. Ambos discurren por el mismo camino. Es recién con “Teen Dream” que BH se hace lo que vuelve popular a la banda: un emblema del dream-pop anglosajón.

“Bloom” sigue entonces a “Beach House” y “Devotion” como la primavera al invierno. Mientras “Teen Dream” todavía conserva cierta calma transitiva, “Bloom” se sostiene todo el tiempo arriba. Es consistente. Es mucho más grandilocuente en los arreglos que Beach House --se rumorean cuatro grabaciones de sonido ambiente en el disco, una de las cuales es el aullido de un coyote-- e incluso más potente que “Teen Dream”. Creo que tiene que ver con una presencia decidida de la batería, finalmente. Sí: a las bases electrónicas y sampleadas se suma ese batir constante, bases que son periódicas como un motor.* Entrar ambos pies en la avioneta y arrancar la música. Levantar vuelo, y entonces preguntar: "¿A dónde vamos?" Como sola respuesta recibir el bife de una pared de aire, una enorme franja del cielo cargada que se abre y ensancha y la puta... Es inmensa. La cualidad espacial de cualquier tema de Beach House --léase desde el homónimo de 2006 a este disco y los posteriores-- es alabable.

El sonido. Síganlo. Es un cuerpo, como algo que se escapa y huye entre hierba alta y árboles.

...

También creo que hay una declinación melancólica en la voz de Victoria Legrand que se explica perfectamente por la declinación, equivalente, en la comisura de sus ojos. Si se la observa con detenimiento un minuto, a lo mejor dos... entonces llega el convencimiento. Saber que está transmitiéndola con la voz.

...

(Take 2)

Hay dos formas de escuchar un disco: como algo homogéneo o por partes. El dúo baltimoreño de Alex Scally y Victoria Legrand es de un sabor tan parejo como el azúcar, e igualmente versátil en sus términos. Realmente creo que tiene una cualidad organoléptica gustativa, parecido a una naranja fragante pero demasiado dulce. Casi ácida, como un dulce hecho con fruta pasada.

Creo que lo mejor del disco llega en la segunda mitad.
A partir de "Troublemaker" se deshacen un poco [[[(AB)USA LA MISMA IDEA DE LA PRIMERA MITAD DEL DISCO, ES EL TEMA QUE LA LIQUIDA Y EL MÁS SOMBRÍO JUNTO A «NEW YEAR»]]] “New Year” se anima ya a un montón. Un tema absolutamente hipnótico, de fondos texturados y luctuosos, loops de guitarra a morir y la voz de Victoria saltando al vacío.

La banda produjo un video con cuatro temas del disco que alimenta perfectamente la imaginería de su música con muchos de los adjetivos que acabo de usar. (*) El sonido de un motor diésel y el vértigo de estar despegando en un avión --¿por qué no un biplano?-- me hace pensar en campos que se alejan y en un panorama inmenso de la tierra. Me hace, pienso, por efecto de la persecución continuada del cuerpo que se escabulle en inmensos montes, pensar en la suavidad con la que el relieve parece jugar cuando uno se eleva lo suficiente. Nunca te dejan caer.

Nunca.

Es siempre la sombra de ese biplano sobre el relieve de un campo verde-amarillo incalculable de Francia, Santa Fe o Carolina del Norte, continua, variando su tamaño con el tiempo, velocidad de crucero.

(Volviendo)

BH es una banda que no pretende ser banda de hoy. Sostienen una ética de trabajo. Son dos músicos con un proyecto común --no se aman ni nada más o menos carnal-- y un perfil similar. Rehúsan contar historias de amor, pero sus canciones fuerzan la búsqueda de emociones afines por el espacio negativo y las imágenes que evocan. Hay algo de eso. Y si pretenden bajar de ahí arriba recomiendo dar otros dos pasos en su carrera y escuchar “Depression Cherry” y “Thank Your Lucky Stars”.

En fin. Se viaja muy bien con esta música. Es pop aglomerado e intenso, vibrante.

Ojalá lo disfruten tanto como yo.

JMO

Irene [FLAC]


miércoles, 14 de junio de 2017

Matthew Dear, "Black City" (2010)




"Love me like a clown
Love me like a clown
Love me like a clown"


Otra de tejanos.

Matthew Dear nace en Kingville, Texas, en el '79. De pibe todavía, habiéndose mudado a Michigan, lo fascina el sonido del Detroit Techno. Co-funda su sello discográfico con Sam Valenti IV, Ghostly International, y comienza a producir sencillos que son éxito en las pistas de baile y eventualmente un primer album en el '03, "Leave Luck to Heaven"
"Black City" es un disco subterraneo --como el club nocturno "Rectum"-- masoquista y hermoso. El primer tema, "Honey", es deslizarse hacia algún lugar más adentro, oscuro. Los ecos y las cavernas. En "I can't feel" se puebla más el espacio, y empiezan a apilarse varias bases. Recién con "Little People (Black City)", una enorme pieza que consta de tres partes bien distintas, el disco reclama rápidamente su territorio. Está en penumbras y la atmósfera está prendida de electricidad, lo habitan personajes recurrentes y darle vueltas a esta metrópolis insomne e imaginada es el viaje. El disco tiene un ritmo implacable, y diría que carece de silencios. El descenso se hace notable, no obstante, ya en el ante último tema. "More Surgery" sugiere una regularidad maquinal de carne, sorda. Dice: "This local sedative / Makes total body slow / Alter genetics / To make my body glow / I'm not too critical / That's just the way to grow / I need more surgery / There's so much more to know" Toda una distopía --todo un disco, si me preguntan-- para tener de fondo cualquier noche.
 
Después llega "Gem", una balada larga y flotante, y para mí, agotadora (está cansada, como todos los demás temas con la misma voz monónotona de Dear), y el cierre. Gracias a dios el cierre. No podía esperar para dejar este disco atrás. Lo escuché tantas veces --tantas--, hace siete años que lo escucho, hasta en la ducha lo escucho, y ahora no quiero saber más nada. Nada.

Finalmente lo entierro para mí y lo entrego a los demás.

JMO

Slowdance [FLAC]




viernes, 9 de junio de 2017

La larga noche del post-rock. Slint, "Spiderland" (1991)



"I too am tired now
Embracing thoughts of tonight's dreamless sleep
My head is empty
My toes are warm
I am safe from harm"


 

Recuerdo que en una vieja revista Rock De Lux circa 1992-93 salía una corta reseña del disco de Slint  "Spiderland" junto a la portada del disco que es una fotografía sacada por el ahora ilustre Will Oldham amigo de la banda. En ella se los ve en un río mirando sonrientes a cámara, con unas barracas altas y rocosas de fondo, en un sobrio paisaje retratado en película blanco y negro. 
Esta banda y este disco pasaron desapercibidos en su momento entre las ciento de bandas buenas y de las otras que pululaban en la gran industria de rock de habla inglesa. La presencia del reputado Steve Albini que había trabajado en el anterior disco llamado "Tweez" y que los elogiaba y apoyaba les daba crédito. Al igual que Kramer otro productor estrella de la época también solía trabajar con bandas excitantes, originales si se me permite la expresión. Si ellos estaban ahí "era por algo"...
El disco que sale en 1991 es revisado poco tiempo después por el periodismo musical cuando ya la camada de bandas que la prensa etiquetaba como post-rock era reconocido como inmediato antecedente de todas ellas.
El género  post rock contenía un abanico de características que se hallaban entre otras en el lejano "progresivo" pero que en algunas bandas estaban más tamizadas por "lo punk" en cuanto su prescindencia del virtuosismo instrumental y el acento puesto más en la expresión, en el gesto . 
Slint estaba alimentada por el hardcore según se puede percibir, arriesgar.
La tensión en su música es permanente. Las guitarras cortantes dejan escapar aire cuando la voz chilla breves y lamentosas palabras. La contundente y persistente presencia de el bajo y la batería guían el camino, la dirección tomada. Y cuando la guitarra y las voces se crispan solo son por unos segundos. Las bases retoman el control.
Todo parece enclaustrado. En el hardcore yanqui anterior el de los 1980s, la música daba cuenta de las neurosis en los hogares del imperio. Un tremendo malestar existencial, social, viraba para el lado del alcoholismo, las drogas, las armas, la idea del suicidio, eso contaban las historias speedicas en las canciones. O sea lo que nunca dan cuenta las investigaciones académicas o las películas o series de tv que día a día nos alimentan.
El disco transcurre pues, en seis temas de introspectivas historias, que la voz y la austera sonoridad hacen reprimir la explosión, o al menos sosegar. En su música trazan muchas coordenadas de lo que a posteriori bandas como Mogwai tratarían de desarrollar quizás desde otro lugar. Lo que se dice en las canciones, lo que se declama parece sumido al sonido y siempre a punto de retirarse. En el post-rock muchas bandas directamente excluyen/excluyeron las palabras y se manifiestan solo en el sonido de los instrumentos.
Slint pareciera querer comunicar algo escuetamente antes de retirarse y así lo hacen. Decir lo justo. Solo lo justo.


Washer [24-96 FLAC]
Washer [FLAC] 




miércoles, 7 de junio de 2017

Cocteau Twins, "Blue Bell Knoll" (1988)



"There, you can have my youth, I know I have loved"


La primera vez que escuché Cocteau Twins o antes estaba echado, semi-despierto, profundamente intoxicado y recobrando el espacio pedazo a pedazo: techo alto, manchas de humedad, pilas de papeles y libros, y R. entonces dice "¿No escuchaste Cocteau Twins?" y seguro que después dejó el Gitane a medio consumir en el cenicero, clavó las manos frente al monitor y le dio play a "Heaven Or Las Vegas"

Singulares las noches cuando engendran algo tan luminoso.

La discográfica de Ivo Watts-Russell, 4AD --que dio cobijo y orientación a Bauhaus y Pixies, entre otras maravillas-- se describe a si misma en una larga nota publicada en su sitio como marcada por un estilo "hermoso, oscuro e insular" profundamente definido por la relación de diez años que mantuvo con Cocteau Twins. La atmósfera melancólica es un sello de CT. Si en un período de cuatro años que comienza con "Treasure" en el '84, atraviesa "Victorialand" en el '86 y llega al '88 con esta producción, es posible producir tres obras (no cuento acá su colaboración del '86 con Harold Budd) tan evolutivas, creo que es solo porque se reúnen bajo un mismo signo. Y es que a partir de "Blue Bell Knoll" CT encuentra una meseta que explorar. Nuevamente como con Portishead hay una cuestión identitaria inconfundible en la voz de Elizabeth Fraser. Le dicen a Robert Guthrie [https://www.youtube.com/watch?v=8dT6yut5sgk], después de que haya mencionado las dificultades que tuvo Cocteau Twins en 4AD, que todo aquello no pareció afectar la calidad de su trabajo por entonces. El dice que es gracioso, pero no, con la mirada ausente, hacia adentro. Es que eran pibes, y en las grabaciones recibían, según cuentan Raymonde y Guthrie, muchos "chirlos". Su papel era el de la banda joven, y detrás de las consolas los adultos mandaban. Finalmente pudieron montar un estudio propio y, en efecto, fue producido enteramente por ellos bajo el sello de 4AD. 

El nombre que recibe el disco fue tomado por Fraser de un pico en el sur de Utah. Este álbum está en ahí lo alto. Es un disco aéreo, que toma vuelo gracias a las guitarras de Guthrie, siempre tan afecto a lograr atmósferas. La voz de Liz se despega de la bandada y toma rumbo propio, pero sin huir, juntos y libre. Es admirable.

Sonido de aleteos. Fragancia frambuesas. Todo lo que se transmite tiene esa cualidad: etérea. Correcto, es un adjetivo remanido para CT. No me importa, le va como anillo, y no me gusta embolsar en géneros, pero trazando la linea y dentro de mi corta escucha es Beach House una de las bandas que mejor logra encaramarse en esa tradición que alguna vez en los '80 dijeron "dream-pop" y acá evoca "etérea".

Es verdad también que me gustan los discos "álbum", los que cuentan historias, y de a momentos se me hace un pelín aburrido Blue Bell Knoll. No es que no tenga momentos, es puro "momentum", pero el fondo climático más interesante quizá sea el del primer tema, y las promesas posteriores se alinean todas, cielo abierto, con pocas tensiones.

Los pibes lo disfrutaron un montón, entonces aún lo hacían, y eso al menos, se nota. Acá está lo que dejaron.

JMO

Spooning Good Singing Gum [FLAC 24-96]
Spooning Good Singing Gum [MP3 256]




miércoles, 31 de mayo de 2017

Lift to Experience, "The Texas-Jerusalem Crossroads" (2001)



"Don't you boys know nothin'? The USA is the center of Jerusalem."
 

Cuando empezaba el nuevo siglo en uno de los periódicos de la ciudad dominante, Buenos Aires, se publicaban dos notas sobre: Black Rebel Motorcycle Club y Lift To Experience, noveles bandas norteamericanas que la industria musical lanzaba y que en los dos casos se referenciaban más sobre el rock británico que de los USA.
En el caso de Life llamaba la atención en las fotografías publicadas su aspecto de cowboys, de yanquis del sur "atrasado" según uno imagina. Pero leyendo de a poco entrevistas y notas de los medios especializados sorprendía su reivindicación del indie inglés anterior. Sus aspectos toscos daban más cercano a Neil Young o similares, que a las introspectivas, ruidosas y narcotizantes referencias inglesas. Sorprendían citando entre sus referentes a bandas como My Bloody Valentine, Ride o Cocteau Twins!.
Del único disco que editaron en 2001 se asienta su sonido de océanicas guitarras. La voz de Pearson musita sobre apocalipsis e imaginerías religiosas, mientras la idea de un largo viaje de ensueño se apodera del oyente que acepta el convite al doble album.

En mi experiencia personal, podía reconocer en "The texas-Jerusalem crossroads" a bandas anteriores como las nombradas. Y más todavía, desde el lejano 1977-78 que siguió al punk y al postpunk y que fue hilando distintas camadas de escenas y músicas que pretendían salirse de la medianía que la industria ofrecía.

En el caso de este album la personalidad de la banda le insufla misticismo a una clásica formación de guitarra, bajo, batería que a lo largo del disco se armoniza en un sólido y punzante orden sonoro, que comanda el vuelo para despeñarse por instantes en pozos profundos y reflujos celestiales pero siempre nocturnos, marcianos.

Como un sueño extraordinario, largo, oscuro y vertiginoso transcurre, adherido a sus juego de voces flotantes, este disco que no dejó de ser recordado y escuchado nunca por el escriba a lo largo del tiempo.

Ruben Detroit

Just as was told [FLAC]


https://mega.nz/#F!8wtlCSiR!SpEoayXlpPw2dZXokE5U4w

martes, 30 de mayo de 2017

Portishead, "Third" (2008)





"Esteja alerta para a regra dos três:
O que você dá retornará para você.
Essa lição você tem que aprender.
Você só ganha aquilo o que você merece"

"Sé consciente de la regla de tres:
Aquello que das te será devuelto.
Esta es una lección que tienes que aprender.
Solo obtienes aquello que mereces."


Diez años.

Desde el mítico concierto en Roseland ("Tierra de Rosas") diez años.
Portishead, banda hoy perimetral, noventosa, fácilmente ignorable, ahí está: diez años después de un concierto digno de su fama produciendo un nuevo disco.
Eso fue hace diez años.

¿Seguimos contando?. Nah. Vamos a la música.

"Third", el tercer album de la banda (valga la redundancia), bulle y sale a la superficie con una naturalidad sombría, del primer al último tema.  Digo: si hubiera una banda que se acoplara a un movimiento musical de fusión en los '90, y luego se disolviera en el silencio, ningún retorno a los estudios sería más sorprendente que éste. ¿Por qué? Porque pese al éxito, a lo ajustado de su tónica, no se trata de más de lo mismo, y es que en definitiva sus integrantes fueron cambiados por diez años de vida.

"The pace, the time,
I can't survive
It's grinding down the view
Breaking out which way to choose
A choice I can't renew"

Dice "We Carry On", y es que del '98 al '08 hay un salto abrumador. Más aún: de "Dummy" (el '94) a entonces la distancia marea. No es que haya pasado tanto tiempo, pero pasaron muchas cosas.
"Ok Computer", "Turn on the bright lights", y los proyectos personales de cada músico, todo presente. Beth Gibbons es el componente más reconocible de la banda. Después de todo, es explícito que intentaron no usar un solo instrumento que hayan usado antes. Ella, tan vulnerable como siempre sonó, una poetisa removida, firme e inconforme. Todo su lirismo sentido se viste, esta vez, de sonidos lívidos y poderosos, los de "Third", creo yo el más eléctrico y existencial de los tres discos. La fragilidad semi-fingida que siempre supo entregar Beth, Barrow con esa batería eléctrica monstruosa, el teclado envolvente de Utley, todo monta el escenario para que la melodía sea el personaje de la saga oscura que relata el disco, visualmente palpable desde los cielos rotos en "Hunter" al simil en los sintetizadores analógicos de "Machine Gun". Si un asombro se fuerza al escuchar esta banda, es lo difícil que resulta imaginar algo que falte, o que sobre, en cada cosa que hallan hecho.

Me sobran palabras. Lo sé. Entonces la propuesta es que miren ésto [concierto del 2008, Prive, un canal francés] Beth, con cuarentitrés, sosteniendo el micrófono con la misma intimidad de diez años antes (extraño el cigarrillo...) Barrow alucinado, fundido al ritmo y ofreciendo una cuota de distorsión justa. Adrian Utley soltando unos acordes espaciosos, fungiendo de bajista y tecladista, lanzando bases anchas y caminos melódicos oscuros.

Portishead se reinventa, vuelve de los '90 y exorciza todo lo que haya podido parecerse a Massive Attack y la escena de la vanguardia Europea de aquellos años.

Krautrock y post-punk. Trip-hop y electrónica. ¿Importa? Escuchen el disco. Ninguna palabra representa la música. Arrancamos este blog y afirmo que este es el ejercicio más vano y envanecido de todos.

JMO

Nylon Smile [FLAC]


https://mega.nz/#F!cpcDnYID!d_a4L5F7h1o8lYvLKThADw