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jueves, 28 de junio de 2018

Desarreglo de palabras sobre "Nothing feels natural" de Priests (2017) + el disco, que es lo que importa.



"Feels good to buy something you can't afford"

Conecto el celular a los parlantes. La ficha, cromada, encaja placentera en la ranura. Siempre es placentera. Ofrece una leve resistencia, dos veces, y después *clack*

Ya está. Subo el volumen. Aprieto .

Empiezan. Priests, de Washington dici, 2017, primer album de estudio de una banda ensamblada en 2012. En USA todo está penetrado por el campo semántico del complejo militar-industrial y el márketing, especulo. Pero sobre todo por el dinero. Y elles padecieron con sus trabajos de tiempo completo y las sesiones interminables, una vez que quisieron hacer viable la banda, todo el peso de lo que eso significa. Tuvieron finalmente que fundar su sello, Sister Polygon Records.

"Music is inherently political, everything is political," Greer says. "So to say that music is political is like saying music has sound. It's saying nothing."

Daniele y Greer se conocieron en 2011 estudiando, y pegaron onda rápido. Jaguar (¡JAGUAR!) amigo de Greer se enganchó enseguida en viola, y Mulitz se copó en una feria de comics donde conoció a Jaguar.


Al principio, cuentan, solían subir a los escenarios (o no), lanzarse 10 minutos en caída libre, y bajar, dejando al público abrasado y sin aliento. Es la actitud que ya traían, pero que lograron pulir como banda, musicalmente. En 2014 lanzaron un EP, "Bodies and control and money and power" y todo fue terrible, pero se tomaron su tiempo. Cuenta Mulitz que el EP estaba orientado a capturar el sonido del en-vivo, pero que cuando empezaron a grabar lo que luego sería NFN no pudieron ponerse de acuerdo. La energía de las pibas era plena y escénica, pero Jaguar y Mulitz querían repasar las grabaciones una y otra vez y eso se volvió un problema para todes. Los tiempos se alargaron, los jefes les gritaban, elles "Fuck you!" a todo el mundo y bueh. Así parieron "Nothing feels natural", sin ceder a las presiones externas de la atención lograda en el primer EP y abortando todo lo que no querían ser en el camino.




Notas varias sobre los temas:

"Aproppiate", tema con que abre el disco, son ellas dos al centro y adentro: la batería implacable de Daniele y la voz filosa de Greer, a quienes alineadas se incorporan Jaguar y Mulitz. La melodía se hace patente en el modo en que Greer te interpela, hasta deshacerse antes de llegar la mitad, como una ruleta que se hiciera pedazos escalera abajo. Un estruendo inmenso que se apaga y queda pendiendo de la cuerda del bajo. Susurra: "Yo, yo. Yo yo yo yo. Yo...Yo trabajé tanto para no tener más amigos como vos"

Un saxo tenor hacer chirridos y se escurre entre las melodías vocales mientras el ruido crece y crece hasta que el final es un desastre, en el mejor de los sentidos.
Y así comienza el disco.

"JJ" es puro movimiento desde el segundo uno, un homenaje reconocido al surf rock de los Dead Kennedys y B-52, pero 60 años después, cuando las ilusiones lavadas de los Estados Unidos de posguerra parecen una pesadilla con Trump al frente. El video del tema está inspirado en algo hecho por Kanye West (no me pregunten qué, ¿pero vieron alguna de su hiperproducciones?) pero a posteriori reconocen Daniele y Greer estar desilusionadas del sujeto por lo que suele develarse en estos tiempos: es un machirulo, y encima apoyó a Trump.

"Nicki" es el tema que podría sonar de fondo en al fiesta de "Los años intoxicados" de Mariana Enríquez. Una declama de chica punk empoderada, en los '90 deshaciendo todas las imposturas prefabricadas a fuerza de degradación limpia. La voz de la frontwoman retrocede y vuelve al frente, y la guitarra de Jaguar hace barridas ruidosas y oscuras de acordes. Es perfecto.

"Lelia 20" toma su nombre de la encantadora actriz en la opera prima de Cassavettes, "Shadows" y repica en fusas con una Greer más contenida y oscura. Se percibe la colaboración de Janel Leppin en cello y bases electrónicas, y la aceleración vertiginosa que aporta Daniele de a momentos.

"No Big Bang" es una interpelación. Se siente así, porque, bueno, nos habla. Dice de acerca de las charlas profundas y el abismamiento ante la muerte. Dice que el progreso asusta. Dice, al final, que antes que morir, quisiera deshacer el nacimiento (y el universo) en una enorme negación. No. Big. Bang.

"Interlude", un pieza de cámara, compuesta por Janel Leppin, para cello y sintetizador, abre la segunda mitad del disco, y parece la continuacióna argumental del tema anterior: una sopa primigenia y melancólica.

"Nothing feels natural", el tema que da nombre al disco, tiene el pedal del bajo de Mulitz y la voz melodiosa de Greer como protagonistas. Más tarde Jaguar acerca efectos que recuerdan a Interpol ¿Pero qué corean? ¿Qué dice la letra?

"Pink white house" (qué iba a llamarse "Airlock" por "Alien: el 8vo pasajero") se aproxima a Sonic Youth y a la desazon posguerra fría de los hijos de la clase media estadounidense. El tema se centra en su ruptura, tanto en lo musical como en lo visual, que es donde irrumpe el subtono de pesadilla americana. Todo termina en un ruido abrumador. El video está inspirado, indirectamente, por la pintura renacentista y barroca que influencia la filmografía de Peter Greenaway  (vease "El libro de Próspero" del director o "Las bodas de Caná" de Veronese)

"Puff" es el bicho raro en el disco. El tema es musicalmente un abandono de la melodiosidad como en los Tape 1 y Tape 2 de la banda, volver saltito furioso estudiantil, una regresión. Pero considerado desde la letra, parece sostener con ironía una tesis aceleracionista y controvertida, respecto de la elección de Netanyahu en Israel y el advenimiento de "plagas nunca antes vistas"

"Suck" es el último y, en mi humilde opinión, el mejor tema junto al primero. Es el punto que se une finalmente con "Aproppiate" trazando una curva evolutiva que es sinécdoque de todo lo que la banda hizo hasta este disco desde 2012, la condensación justa de un ritmo desarrollado, una melodía capaz de apelar y una energía que siendo rabiosa aún, se corre de los lugares comunes del disco y tiene un carácter tenaz y luminoso. Me encantó.

JMO

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Quiero cerrar el año con una lista de discos, arbitraria y sin ningún orden, que por algún motivo no pude reseñar y me hubiera gustado. Esto no quita saltar mañana o pasado mañana, o una semana después de las Pascuas, dentro de cualquiera de ellos, pero por lo pronto voy a señalarlos con el metafórico dedo de la palabra, ese recurso tan poderoso que son los ostensivos: estos discos son los que les recomiendo que escuchen, si es qué, por algún motivo, no tienen un mañana para darse el lujo de esperar. 
Todos están en Youtube.


- Motorama, "Calendar" (2012)


Therefore the pain won't stop
The pain won't stop

Motorama is a Russian post-punk band from Rostov-on-Don, Russia. The band was formed in 2005 and named after the film (1991).[1] The group has received popularity not only in Russia but also abroad. They have released two EPs and three studio albums. Names of singles are "Eyes", "Alps", "Ghost" , "Wind In Her Hair" and "To The South".

Así reza Wikipedia.

Miguel R. (graciaaaaas) decía en una entrada de Facebook que, para aquellos que preguntaban que era eso tan lindo que sonaba de fondo, iba esta referencia.

El disco promedia con muchísima fuerza. Hacia "To The South", su sencillo hitazo, ya se percibe la vibra, pero un tema después no más, con "Rose in the vase" y todavía un paso más con "In your arms" te desarma. The desharma. Así con haches. Porque que se yo como se dirá en ruso, pero la pretensión al menos de intentar ser postpunkies y genuinos se siente. No digo que sea posible, pero al menos creo que puede leerse, e incluso a través de las barreras idiomáticas. 
¿Sería más fácil hacer rock ruso siendo neozelandés?
No lo creo.

- El Príncipe Idiota, "Doméstico" (2017)

Vestido se acostó,
masturbose antes de dormir.
Y en segundos se olvido
de la noche entera.

Pato dice que no está nada mal. Yo le agregaría que está muy bien, pero es una opinión más. ¿Qué importa? No vamos a definir ningún partido acá.
Lo que me pasa es que las texturas. 

Las texturas.

¿A qué llamo eso? Bueno, una textura es algo continuo, ininterrumpido. Uno pasa los dedos sobre algo e identifica la unidad de lo-que-sea mediante eso: la ininterrupción. Cuando llega a un vértice, y de pronto se abisma la cosa, entiende que terminó.
Eso es la textura, lo que hay entre un vértice y otro.

Entiendo que esta banda, por lo que hace, plantea texturas de fondo sobre las que inscriben letras descriptivas, casi cuentísticas, por su regularidad y efectividad. 

Eso está buenísimo.
Me pierdo en sus letras prosaicas y la instrumentación tan adecuada a esa deriva urbana y elevada, como dos metros encima de la planta baja de de cualquier departamento. Y entonces llego al vértice y hago lo que haría en cualquier terraza o azotea, en cualquier pileta o piscina: me quedo tieso un rato y miro. Tan cerca toda la diferencia, entre estar ahí, o abismarse allá.

El Príncipe Idiota no dice mucho, pero la formación y la impronta que están logrando, pese a su corto tiempo de vida, los hace dignos de atención.
 
- Luca Bocci, "Ahora" (2017)

Archipiélagos de sal, piedras del sol,
socorren mi naufragio y me rescatan
de esta ilusión, de nubes que se llueven
dentro de tus ojos.

Si tuviera que partir
de una nota en cuestión
sería sin duda un sol
y tendría la armonía cantada
y la técnica sería de pacer un placer.
Porque sobre la guitarra se pace
como un rebaño inaudible
que busca su voz rebuznada
y no hace sino balar
con los dedos los trastes
que acá o en Mendoza
suenan a canción.

Luca Bocci, el mendocino pibe de peculiar apariencia, saca un disco este año brutal. El año es brutal, el disco canción, porque abreva del rock clásico ya, en Argentina y más allá, de Charly y Luis Alberto, e incorpora lo suyo, amodernado, listo, demasiado listo, porque si no, ¿por qué empieza y termina así el disco?
Es una afrenta.
Un piano de gotan bien grabado y un techno j-pop deliberado, "Fujin ama a Raijin". 

No me jodas Luca.

Pero te quiero mucho. No entiendo porque todavía no hay más tuyo. Ojalá pronto me desengañe y vea, fumando solo, tu próxima producción para el gran público, esto es: los que de lejos te seguimos.

Si pudieras venir alguna vez, mejor aún.

- Atrás Hay Truenos, "Bronce" (2016)


Perdón, pierdo el hilo de la charla,
no puedo levantar más la cabeza. 

Álbum del 2016 al que llegué por referencia de Maxi Prietto en una entrevista hecha en tierras aztecas, en ocasión de la presentación de "Agua Ardiente" en Guadalajara. No encuentro la entrevista por ningún lado, y a fuerza de no creer que estoy inventándola, voy a recuperar de mi memoria la pregunta precisa que la entrevistadora o el entrevistador le hicieron para que lo recomendase como, según afirmó, una de sus carpetas más reproducidas en los numerosos viajes en bus que tuvieron que hacer desde La Paternal a donde el escenario estuviese dispuesto. Decía:

[Entrevistador/a] Maxi, ¿qué rolas traes? ¿qué verga escuchas hoy we? Porque la nueva escena argentina toma distancia del rock populachero y rolinga de los '00 y se plantea nuevas duraciones y recursos. Treinta minutos y una computadora con micrófono alcanzan, ni hablar.

[Prietto] Alcanzan, es verdad, pero la posta es que Atrás Hay Truenos dejó de hacer música para molestar con el último de sus discos, "Bronce", que la rompe. Es una píldora de felicidad roja y blanca y texturada, lenta de a ratos, pero subidora. Te pega. Y cuando creés que está bajando, porque nada bueno dura para siempre, te lleva de la mano desde la nube donde estabas al suelo frío y húmedo de Rosario. Tenés que escucharlo. Creo que los pibes la pegaron con la producción y los nuevos timbres, y lograron hacer de nueve temas una sola experiencia.

Así fue, sin duda.
 
- Mueran Humanos, "Miseress" (2015)

Nacimos para bailar descalzos
sobre las cabezas de tus reyes. 

Un disco sin piedad, que te arrastra de la remera antro adentro. Son casi visibles las luces bailando sobre las cabezas, con el volumen suficiente. Desde Berlín, Tomás Nochteff, miembro fundante junto a Pedro Amodio y Javier Aldana de "Dios", desenvaina el bajo de la rúbrica escénica explosiva y lo blande rítmico, empatado a baterías electrónicas, aportando su voz junto a la de Carmen Burguess, que extorsiva las distorsiona e inserta nuevos sonidos como si fueran agujas en una muñeca, minuto a minuto, con sintetizadores bien agudos.
Amar esta banda (¡gracias Gaby!) 


- Night Beats, "Who Sold My Generation" (2016)

Pour myself a drink or maybe two
What is wrong with you?
What they say to you?

Seattle, hogar de Eddie Vader, cuna de Nirvana, y en su momento (waaaaaa) de Jimi Hendrix, aún hoy tiene tiendas de música notables que le venden instrumentos y hasta dan lecciones a todo tipo de freak.
Estaba viendo que Seattle está en el noroeste de los EE.UU, estado (provincia) de Washington, casi casi en la frontera con Canadá (Vancouver a menos de 100 millas) Hubiera imaginado que estaba al este, de prejuicioso no más, pero vieron... nunca estuve allá y la verdad que todas esas diferencias y rivalidades entre esto y aquello, enten eller, me pasan por al lado. Lo cierto es que este disco, desde las voces engastadas las hasta los pedales de las violas, grita PSICODEEEEELIA, GAAAAARAGE y alguna birra yanki por ahí Budweiser al humo de buenas flores. Es un remake de los primeros '70. Re da para ponerlo en juntadas, ¿cómo pude ser tan torpe y olvidarlo? Re da.
 
- Terry Riley, "Persian Surgery Dervishes" (1971)

Hora y media.

Dos versiones del mismo tema grabadas en vivo, con casi un año de diferencia.

Los Ángeles, 18 de abril de 1971: todo en Do. No sé que hace con la mano derecha y con la izquierda. La melodía fluye, y pretende no estar. Lo importante acá es que el drone durísimo de la izquierda te envuelve y no te deja escapar. Es terrible. Es tremendo. Nunca imaginé que un órgano pudiera hacerme esto. Y cuando creía que todo iba a ser soportable hasta que terminase, su derecha me acuchilla sin contemplación con ristras velocísimas de notas espumadas, tomadas de un oleaje melódico incomprensible.
Los versados estudiantes de La Música sabrán desdecirme. Me chupa un uovo. Terry Riley sabe valerse por sí mismo, y nosotros que casualmente lo escuchamos también.
París, 24 de mayo de 1972: en Do todo. No sé que hace con las manos izquierda y derecha. Fluye como si hubiera una melodía, y la hay. Con lo que parece un instrumento menos uno da cuenta de que antes, en 1971, a lo mejor hubiera uno más.
No, siempre fue UN órgano.
Y el drone aún durísimo te captura, otra vez, como si fuera una boleadora patagona. Es bárbaro, incivilizado. ¿Cómo puede hacernos esto? preguntamos de boca al piso, saboreando la tierra, sintiendo palpitar el labio con su latido. Es el nuestro, arrebatado de su ritmo propio por el de esta obra, repetida ahora con casi un año de diferencia, pulida o afilada nuevamente, una hoja que sin piedad abre el silencio y traza un arco meditado, meditabundo.
Me vuela los pelos. Este disco. Me vuela los pelos.
 
- Harold Budd, "The Pavilion of Dreams" (1978)

En el nombre de Dios, el Benefactor, el Piadoso.

Si llegan a escuchar el segundo tema, después del minuto 18, van a saber que ya no están en la Tierra, sino en otro plano delicioso y edénico.
Las palabras no hacen justicia de esta impresión.
Harold Budd logra, en su forma mínima de hacer las cosas, coser con una voz sin palabras y un arpa una experiencia. 

El nombre que da a esta experiencia es doble: "Déjennos ir a la casa del Señor" y "Domingo de mariposa"

Me recuerda mucho a una versión hermosa, lírica y "bellepoquesca" de Debussy, que no puedo encontrar para recuperarles ahora, con letra y música para la danza clásica. Ya quisiera tenerla presente y compartirla, pero queda entonces como una referencia ficcional.

De H. B. podemos decir que en este disco logra producir una sensación de abismamiento notable. Me gusta el adjetivo "notable". Lo uso un montón últimamente, como si estuviera de moda. 
El disco recoge su regreso a la composición después de un hiato de 2 años, cuando llegó, según él, a los límites del minimalismo. 
Está bien Harold. Este disco te lleva en taxi por la ciudad, pero no tu ciudad, sino otra ciudad, parecida a la tuya, pero sobre la que no podés imponer ningún recuerdo. Entonces tenés que recurrir a la imaginación, que es la memoria pero libre de la necesidad de corresponderse con algo que ya pasó, o sea, que no existe más.
Entonces recordar es una facultad de la imaginación, y H. B. ofrece acá sus recuerdos de una paseo que le suponemos fue caro, en taxi, seguramente la bajada de bandera en EE. UU. es en dólares y qué se yo, capaz que en relación al sueldo promedio de un músico avant-garde está alta.
Pero decía: se la jugó, y gracias a eso, podemos deslizarnos sobre lineas de saxo y teclados vibratos, teclatos vibrados, vibrados teclados, etc.
De nuevo: gracias Harold.

 - Slowdive, "Slowdive" (2017)

There's a buzzard of gulls
They're drumming in the wind
Only lovers alive
Running in the dark

Estoy apurado por terminar esta entrada del blog. O sea: no empecé a escribir con ningún orden. Creo que hasta ahora viene así: Mueran Humanos, Atrás Hay Truenos, Night Beats, y ahora Slowdive. Pasa que pienso, todavía, bajo el imperativo de la "inspiración", como si tuviera que hacer algo pronto y naturalmente.
Está claro que la inspiración es más dura que Dios. Es severa, arbitraria y judáica, en los términos que el prejuicio entiende. Por eso debo renegar de ella.

Entonces decía con apuro que Slowdive es una banda inglesa que pasó bajo mi radar mucho tiempo, pese a mirarse el calzado con una fijación digna de un monje zen. Y aunque tuvieran el sello "90' approved" dado por los escuchas y la crítica, no me fue mencionada por nadie nada nunca. Pitchfork dijo que "Slowdive" es uno de sus "best new albums", y el crítico le dio 8.6 puntos sobre 10. ¿Qué carajo significa eso, eh...? 
Bueno, no importa. En general el staff de Pitchfork me place. Me da de comer cuando nadie más lo hace. Por eso llegué a Slowdive, que tiene producciones más que notables en los '90, diría geniales, como Souvlaki y Pygmalion.

La banda se corre ligeramente de sus empresas anteriores, y la verdad le viene bien. Hay mucho de diurno y aereado en lo que hacen acá, como si para respirar hiciera falta escuchar no más. Se los reconozco. Hay un soplo de oxígeno en este disco, homónimo por cierto, que lanzan en 2017. Lo que antes se volvía una lenta deriva en experimentaciones no siempre agradables, hoy es, 22 años después de su último disco, una prueba fehaciente de su compromiso con la música. Dios los bendiga.

- Moondog, "Sax Pax fo Sax" (1997)

No matter what name she goes under
I dig her deeply and no wonder
For she's been lovely to me
And I'm the better for having met her.

De Moondog solo voy a decir que fue lo que llamaríamos en argentina un croto, ciego desde los 16, que se vestía como un vikingo y pedía plata en las calles de Nueva York, por interpretar música en instrumentos que él mismo inventaba.

...

De este disco puedo recopilar que fue grabado con la Filarmónica de Londres, que parece una risa, y que fue compuesto para no uno, sino 9 (nueve) saxofones.
Si en esta lista hay un disco que lo eleve a uno sobre las circunstancias de su más mediocre y llana cotidianeidad, es este. 

Es este el disco chicxs. Este es el disco. No busquen más. Moondog sabía, incluso hasta sus últimos días en, como Iggy, como Bowie y Nochteff,  BERLÍN.

¿Por qué no digo más nada?

Por vergüenza.-

JMO

miércoles, 4 de octubre de 2017

Hay tanto jugo por aquí. Los Espíritus, "Agua Ardiente" (2017)


Empujaba con la insistencia de algo inconsciente el viento nuestros cuerpos, orientados esa noche de viernes, prometiendo el culto desbordado a otro elemento: el fuego.

Porque Agua Ardiente es un motivo tejido sobre cuatro elementos: la Luna, la noche, el mar y el fuego. En él no hacen falta imposturas ni i(t)smos  que conecten la a-islada experiencia personal con el continente de lo colectivo. Todo lo que destila es tan antiguo como el primer hombre perdido en los ojos de una mujer, y viceversa. Algunos viejos conocidos hablan de la antigüedad de las cosas en función de la injusticia ("más viejo que la injusticia" dicen). Diría yo que este disco es el más justo para el presente (pleno, en gira) de la banda, gloriosa formación que La Paternal parió en este presente musical argentino. Es puro, tal y como suenan en vivo. Porque seamos sinceros: hay sonidos que no pueden samplearse en ningún estudio. Pertenecen al instante, al error y al colectivo. Los temas que tejen en este fabuloso disco son el resultado, quizá, de la condición simple y encruzijada que tiene blues. El "blues" que fue antes color, y luego canción, para volver hecho un inmenso vocablo al idioma inglés. El blues de Mississippi, que habla de las heridas y se hace bálsamo; que recupera lo perdido y se vuelve memoria; que marca el paso y se vuelve ritmo. Ese blues que es ruta y es noche; que es jornada bajo el sol y merecido descanso.

La última vez que aprendí todas las letras de un disco estaba abollado de amor por una chica incombustible. No había manera de evitar esos largos tramos en auto entre el trabajo y el terciario; la casa y el trabajo. Y como no había más que entregarse a la rutina férrea, salivaba los labios y ponía a mi lado una compañía que pudiera traerme de nuevo a la Tierra. Encendía el equipo del auto, enchufaba el pendrive, y dejaba que el espacio entre las cosas se volviera canción. Este disco es eso. Este disco es la traducción, por otro lado imposible, del tiempo perdido entre dos puntos del corazón. Eso es fuego. Porque el corazón se alimenta de cenizas, y el tiempo es la sangre de los acontecimientos.

Hay fuerzas elementales en juego. Dice Maxi en una entrevista con Patricia Peñaloza, periodista mexicana:

 "...por más que sea como sea, va a terminar siendo como tiene que ser." Y en esa frase trunca se condensa la potencia de los elementos convocados, que encuentran una representación formal en la producción. El disco está pensado como un vinilo, con un lado A que termina en "Esa luz" y un lado B que termina en "El viento", ambos finales sostenidos en imágenes arquetípicas que Los Espíritus utilizan para sugerir que la voluntad y el progreso vital encuentran un límite en la más natural de todas las cosas.

"Una a una nuestras voces se apagaran"
(Llámese muerte)


La fórmula de este sonido acomodado, logrado tras dos discazos (de menor envergadura para quien escribe) como fueron el homónimo (2013) y "Gratitud" (2015) es girar y girar. Es la rueda que mueve a la banda, y no tienen reparos en reconocer en dos o tres entrevistas que tocar en vivo es lo que les permite crecer y vivir de su música. Finalmente lograron, a decir de ellos, un sonido "de grupo", y lo hacen sentir en cada presentación con toda la energía de cada uno de sus seis integrantes.
Aplaudo que Los Espíritus hayan transitado sus momentos más oscuros y menos rentables hacia esta producción, aún sombría, pero plena de in-tensión y promesa, lo mismo que un llama arrimada al agua. Aplaudo sus funciones, su ánimo ante el público. Y déjenme detenerme acá: su ánimo frente al público. Porque tuve la fortuna, extraña para mi, de ir a su último concierto en Rosario, accesible, elongado y repleto. La convocatoria fue plena decía y completó el espacio disponible en Vorterix. No fueron puntuales y al entrar sonaron a lluvia y alivio, ya que todos esperábamos ser absueltos del ansia que nos comía desde adentro, las ganas fuertes de hacer salto el alcohol y cantar cada una de las canciones, hasta que se apagasen nuestras voces, y al salir todos nos agitábamos fatuos en calle Salta. No se diga más. A escuchar.


JMO

Bandcamp

Perdida en el fuego [mp3 128] 


domingo, 17 de septiembre de 2017

Una rápida antes de que el gusano eterno devore Connecticut. GYBE, "Luciferian Towers" (2017)



Mientras el dolor, que es un caballo viejo, trota de mi columna al cuello, encuentro que Godspeed You! Black Emperor no sacó un nuevo EP, sino que lo hará el 22 de septiembre. Gente hermosa, de la que campa abundante en Internet, pudo obtener una versión filtrada, lejos de una calidad fidedigna, pero que nos permite apreciar otra obra in crescendo, cataclísmica, llena de potencia y presagios.

Lo que sigue lo extraigo y traduzco del Bandcamp de la banda:


esta, esta grabación de larga duración, una cosa que hicimos en medio de un lío comunal, criando perros y niños, ojos elevados y llenos de una espantosa alegría – apuntamos a las notas erróneas que explotan, un silencioso murmullo amplificado hacia el cielo. grabamos todo en una lancha incendiándose.

(el contexto como sigue:)

1. UNDOING A LUCIFERIAN TOWERS – mirá ese puto horizonte! escritura monetaria grande y perezosa en aburridos obeliscos de mármol! imagina todos esos edificios mucho después, vaciados y desnudos de alambres y vidrios, escucha- el viento silbando a través de la totalidad de sus 3000 aberturas quemándose!

2. BOSSES HANG – el trabajo, alienado de la riqueza que produce, para que esa vaca sagrada, la mayoría de nosotros vive precariamente! pateando, pero a duras penas! – la orgullosa iluminación de nuestras vidas acortadas! además – más nosotros que ellos! además – lo que necesitamos ahora son palas, aljibes y barricadas!

3. FAM / FAMINE – el modo en que nos matan = el terrateniente ausente, una torre en llamas, el ruidoso pánico de policías-niños y sus explosivas manos-gatillo. con el sordo filo de una meritocracia arbitraria, negligencia, mapas de cánceres, ataques de drones, hambre. el bosque arde y pronto nos cazarán como lobos.

4. ANTHEM FOR NO STATE  – kanada, saqueada de sus minerales y su petróleo sucio. saqueada de sus árboles y su agua. una cosa arruinada, ahogándose en un charco, cubierta de hormigas. al océano no le importa una mierda porque sabe que está muriendo también.

finalmente y en conclusión:
el LP "luciferian towers" fue informado por las siguientes grandes demandas:
+ el fin de las invasiones extranjeras
+ el fin de las fronteras
+ el desmantelamiento completo del complejo industrial-carcelario
+ la salud, la vivienda, la alimentación y el acceso al agua reconocidos como derechos humanos inalienables
+ que los expertos hijos de puta que quebraron el mundo nunca más pronuncien una palabra

mucho amor a todos los otros extraviados y vagabundos,
xoxoxox meo de dios / montréal / 4 juillet, 2017

credits

releases September 22, 2017

PERSONNEL
Aidan Girt: Drums
David Bryant: Electric guitar, MG-One
Efrim Manuel Menuck: Electric guitar, organ, OP-1
Karl Lemieux: 16mm film projections
Mauro Pezzente: Electric bass
Michael Moya: Electric guitar
Sophie Trudeau: Violins, organ
Thierry Amar: Contrebasse, electric bass
Timothy Herzog: Drums

GUESTS ON TRACK ONE
Bonnie Kane (saxophone, flute, electronics)
Craig Pederson (trumpet)

Recorded by Greg Norman at Hotel 2 Tango and The Pines.
Mixed by Greg Norman and GYBE at Hotel 2 Tango.
Masted by Harris Newman at Greymarket.

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martes, 29 de agosto de 2017

Las huellas de un viaje oscuro. Natural Snow Buildings, "Daughter of darkness" (2009)



Día 33

Hace tres días que estoy escuchando el mismo disco de Natural Snow Buildings. En francés, cómo ellos se lo habrán dicho a sí mismos al darle nombre, se dice "Bâtiments enneigés naturels". Ellos son Mehdi Ameziane y Solange Gularte.

"Bâtiments enneigés naturels"

Hace tres días que estoy escuchando el mismo disco de Bâtiments enneigés naturels. Hace treinta minutos descubrí que hay un reissue, o sea otra edición, con dos temas más, completando un total de dieciocho.

Hace tres días que estoy escuchando el mismo disco de Bâtiments enneigés naturels y no sé porqué. Dura siete horas casi veinticinco minutos, y tengo la sensación de haber naufragado en el mar o el desierto, que en definitiva son lo mismo.
Esta recomendación me produjo ansiedad porque me la imaginaba vacía, inabarcable. Volví en tres ocasiones sobre lo escrito como si lo hubiera escrito otro, porque no reconocía la letra. Enseguida me daba cuenta que era mía y que la había escrito ya hacía tiempo, como en un estertor de tres espasmos (aunque fueron muchos más) Me duele no poder acompañar, por ejemplo, estas descepciones con toda la imaginería en que abundan los discos. Son pequeños cuadernos de dibujo, por los escaneos que vi. Ellos dicen en la entrevista que viene que es el la mitad de su trabajo. Fijense: en 2008 sacan un album de 5 discos ("I Dream of Drone"), y en 2009 un LP triple ("Shadow Kingdom", inmensamente valorado). "Night Coercion Into the Company of Witches" es un album auto-publicado de 2008, 3 CD's o 4LP's de longitud. Aunque después circule, al salir sus discos son obras artesanales, sacan ediciones de 100, 500 ejemplares y pasan a otra cosa. Y sin embargo hay 11 albumes publicados entre 2008 y 2009.


Lo prolífico,"la tensión", por citarlos, se produce entre lo melódico y lo cacofónico. Es la frontera entre ambas la que explora el dúo, y tienen de donde cosechar, según parece.

Este disco: de acoples que producen ecos en ida y vuelta, que agotan los ángulos de ataque y ese ruido blanco que crispa el oleaje, como un viento sordo e inmenso que acompasa toda la duración del album. A mitad de "Santa sangre II" el abatimiento es absoluto, y las esperanzas se ahogan en la tormenta sin rumbo. "A Thousand Demons Invocation" y "Slaves for the Afterlife" recurren a una paleta de aquellos-instrumentos-de-meditación, son paganas en sus mejores momentos. Hay segmentos que ofrecen poco más que respirar por el largo de una hora.
Qué plácido "Devil's Fork", y cuanto de incomprensión y conmoción logra al finalizar. Amo la aniquilación de lo idéntico que logra la repetición. 
Un tour de force, la hondonada y el abismo sonoro. Distorsiones visuales y drones interminables, largas franjas de notas pulsadas por guitarras que recuerdan un poco a Earth, Muslimgauze y otros aquelarres telúricos. 

No estoy del todo convencido de que la banda carezca de esta virtud particular: una relación con el tiempo que recorre las posibilidades que hay en la extensión. Todo en NSB se expande. Los sonidos ocupan el aire entre los auriculares y los tímpanos, envuelven el craneo, se derraman de las camas, inundan las habitaciones y llenan las casas, ocupan los recintos, lo elongan todo. El tiempo hermanado al espacio. Recorren el tiempo hermanado al espacio y se dan el permiso de romper cánones de duración y de hacer que esta nota penda un minuto, o que este motivo se desplace cuantas veces haga falta hasta agotarlo, hacerlo cenizas.


Estoy escuchando otros discos de NSB. Todo suena tan orgánico, tan "uno". No es fácil, como le decía a un amigo, recomendarla.
Uno: No tiene las cualidades de una banda mainstream.
Dos: La duración de los álbumes es aplastante.

Tres: Por el punto número 2, requiere de mucho tiempo y paciencia formarse una opinión sobre las obras.
Cuatro: Eligen temas que, sospecho, son "esotéricos", en contraposición a lo "exotérico" que se orienta al gran público.

Ahora llegué a "Beyond the Veil", del 2012.  Tengo la intuición que esta es la verdadera banda sonora de un gesto mágico. No encuentro otras palabras para describirlo.


Esta es una traducción de parte de una entrevista por correo que realiza Pitchfork al dúo francés. Me interesa esta parte:

Pitchfork: Do you think of your structured songs and your abstract pieces as different, or as parts of a whole?
 

Pitchfork: ¿Piensan sus canciones estrucutradas y sus piezas abstractas como cosas diferentes, o como parte de un todo?

NSB: They’re part of the same continuum. But songs have always been used as, well, bread crumbs-- something familiar that could mark the way through a very dark journey. And there's always noise in the background-- something undefined, crawling and submerging the human voice.
 

NSB: Son parte del mismo continuo. Pero las canciones siempre fueron usadas como, bueno, migas de pan-- algo familiar que pudiera marcar el camino en un viaje muy oscuro. Y siempre hay ruido de fondo-- algo indefinido, arrastrándose y sumergiendo la voz humana.
 

Pitchfork: Do you mean bread crumbs for you, or the listener?
 

Pitchfork: ¿Migas de pan para ustedes, o para los escuchas?
 

NSB: For both, we think. It’s easier to evoke one narrative through words. To use another metaphor, it’s the spot on the map saying you (we) are here.
 

NSB: Para los dos, creemos. Es más fácil evocar una narrativa por medio de palabras. Para usar otra metáfora, es el punto en el mapa diciendo "vos (nosotros) estás acá"


Si nos ceñimos a la mera descripción (un recurso más en definitiva) hay que hablar de las armonías. Yo no estudié música. Cuando tenía dieciseis años agarré una guitarra de mi hermana y decidí tomar clases con un profesor, después de tocar sin rumbo unos meses. Entonces no podía tener nada claro, pero ya juntaba mis primeros mangos y podía pagarme esas clases con trabajo.
Me fue bien. Llegué a tocar en la carpa de Islas Canarias en las Colectividades y todo. La viola se me hacía ligera y pesada a la vez, y por esa liviandad nunca pude rematar mi gusto, y por lo pesado me la tomaba muy en serio. Todo remate exigue una decisión, pesada como piedra de toque, para que el canto quede fino, filoso. Entonces venía yo de probar aquello y de movida, con un amigo con el que zapabamos cada tanto, nos lanzamos al examen de ingreso de la Municipal de Música. Entró él, pero yo quedé afuera. Creo que la música en Rosario es más competitiva que el teatro o la mera vida, me cuentan.

Volviendo: no puedo decir casi nada sobre la armonía, es verdad. Pero si se trata de una asociación "paradigmática", vertical, de los sonidos (cómo si el verde de un "re" pudiera asociarse al pino de un "do") NSB peca de puntillismo, de prentender dar cuenta de todas esas relaciones como si se las recorriera con una cámara en macro, palmo a palmo, sufridamente. Poner esas sentidas tonadas "folk" junto a los des-arreglos eléctricos de duración inestimada hiere. Es un ruido doloroso. Te lastima la sensibilidad escuchar la voz de Solange, como humilde, como melancólica, alzarse sin dificultad sobre el panorama sonoro, casi un estado climático, un día parcialmente nublado que se vuelve tormentoso.

¿En qué quedamos entonces?

NSB afirma, en la entrevista antes citada, que todo es político. Tiene que ver con su trabajo y la visión común a partir de la cual lo construyen. Yo afirmo: NSB es un duo para escuchar. Eso significa: no es música ambiental; no es música bailable; no es música que acompase nuestros prejuicios musicales. Se impone como un velo hechado sobre quien lo oiga, por su tesitura y su extensión. Es rarísimo. Lo recomiendo encarecidamente, y sugiero paciencia y dedicación. No es posible hacerse una idea acaba en un disco (si es que lo logran) ni en dos. Hay que escucharlo todo, todo.

Yo voy a volver en este blog sobre esta banda. Hace falta. Sé que suena a Sananda y Motura, y quizá lo sea. NSB también es una cura naturista para una epoca fragmentada.

Adelante.-



JMO


Will you die for me? [mp3 256]

sábado, 15 de julio de 2017

Talento y momento. Aufgang, "Istiklaliya" (2013)

(Agradezco a Diego el pase de mano, que viniendo del bolsillo de Psyco --a quien agradezco también, donde quiera que esté...-- puso en mis oídos
Aufgang), que es un dúo que alguna vez compusieron tres integrantes: Rami Khalifé, Francesco Tristano y Aymeric Westrich (de izq. a der. en la foto)
Rami y Francesco dieron origen, allá a comienzos del 2000, a una fuerte amistad fundada en los estudios comunes de Juilliard y los boliches neoyorkinos frecuentados. Ambos pianistas, incorporaron a Aymeric a la batería y en 2009 estrenaron el disco homónimo "Aufgang", con el mote desafiante de "electroclásica", bajo el sello francés Infiné. Produjeron un EP al año siguiente, "Air on Fire" y en 2014 Tristano abandonó el grupo para seguir su carrera solista. Llegado el 2016 el viejo nuevo dúo de Rami y Aymeric lanza su último disco, "Turbulences", del que no vamos hablar acá.

En el entre, año 2013, "Istiklaliya" --"Independencia" en turco-- alcanza un hito con respecto a lo hecho. Donde "Aufgang" había sido osado y heterogéneo "Istiklaliya" en cambio produjo algo definitivo, electrónico, llevado de cabo a rabo con una sencillez engañosa. No basta con escucharlo una, dos o tres veces. El disco demanda, porque los arreglos, la producción demandan, que sea pasado por el paladar varias veces, ya que las grabaciones del trío favorecen la espontaneidad y el arreglo de la música y la post producción revelan lo mejor del esfuerzo. Imagino encima aquello que remite a los sets de DJ que compartieron Francesco y Rami en sus años dulces, pero asociado a caprichos de tenor académico.

Aufgang tiene, al menos hasta este disco, tres componentes: piano, batería e ingeniería de sonido. No hay más. No hay bajo, no hay voz. No hay nada que ate suficientemente estos elementos, más que una relación concreta de trabajo entre quienes los interpretan. Es notable. En ciertos pasajes --no todos-- cada cual logra una libertad asombrosa, seguramente convenida, pero que hace pensar en una improvisación en el estudio envuelta en un trío ensamblado y naturalmente unido.

El álbum atrapa con la primer propuesta. Comienza con un golpe sombrío del teclado, creciendo a paso ligero con una melodía solapada, y de inmediato "Kyrie" --como un Raskólnikov-- se abisma apresurado a una distorsión seductora y usualmente perimida para un timbre tan reconocible. Es la batería, apareciendo tenue en el fondo, corrompiéndo la melodía con el ritmo firme. Señala el rumbo de lo que viene, pero solo permite sentir una fracción del total, porque todo lo que sigue alcanza cotas aún más lúcidas y corruptas, si es que un piano de cola puede ser epítome de lo puro en la música.

"Balkanik" es una película de Kusturica, para ignorantes como yo. Las bajadas con a última nota sostenida recuerdan acordeones galácticos que en definitiva son inrecordables. Bellísimas, sustuídas de inmediato por el piano y el piano desplazado de nuevo por un espacio autónomo. El tema crece, amplio en sus mejores momentos, y al final es tan bolichero como los mejores. Que lindo tema la concha de la lora.

"Vertige" se entuba de entrada a enorme velocidad. Es tremendo el comienzo. Tanto Aymeric como Francesco se tiran de clavado sobre sus instrumentos. Los tambores que suenan de izquierda a derecha recuerdan momentos brillantes y terribles de principios de los '80, y los sonidos sintetizados se abren a la ciencia ficción. Específicamente ese momento de mitad del tema en donde el ruido se confunde con una nota obsesiva del piano, que después hace acto de presencia, me fascina. Creo que es genial, lisa y llanamente.

Antes que el nombre voy a decir: pura inestabilidad. "Abusement ride" es el ticket de entrada a una montaña rusa, en un parque de diversiones perverso, en un sometimiento severo y no siempre disfrutable a sonido sádico de feria. No voy a decir más. Espero que las voces alejándose al final sean suficientes para llevar tranquilidad a sus almas.

Todo lo que puede dar de bondadoso "Istiklaliya" está condensado en "African Geisha", desde la estética --me recuerda con insolencia a "Afro samurai"-- hasta la distinción clara de los timbres y la tónica de este tema con todo lo que lo rodea. Es aún más patente su carácter de oasis por ser único entre todo lo que lo rodea.

¿Por qué el título del séptimo tema del disco es "Diego Maradona"?

Entero es una oda al más célebre+infame jugador de fútbol, un icono que roza lo hercúleo, y a veces lo más bajo, para muchos en Argentina y el mundo. Venía hoy atravesando la llovizna incesante de Rosario, invierno 2017, en la Sprinter que manejo de lunes a viernes para ganarme el pan. Venía manejando a 90, quizá 100 por Av. Circunvalación y pensando, mientras a mi derecha quedaban atrás camiones, y a mi izquierda las Amarok y las Hilux --hijas e hijos de mil puta'-- pasaban a 140, 150. Venía yo pisando despacio el acelerador, sosteniendo un equilibrio delicado y precioso para la vida, pensando que Maradona debió tener una sensibilidad superrima en los pies marcada a fuego. Algún fuego debía tener. Quiero decir, ¿cómo se explota del modo en que lo hacía él, casi rodando como la pelota, en un campo llano y bajo la mirada atenta de todos, incluso sus adversarios? ¿Cómo? Solo se puede siendo repentino, produciendo momento.
Frente a la dificultad mostraba la capacidad --inusitada-- de arrastrar los fallidos del contrincante y hacer con ellos una bola de nieve. O sea: cada victoria mínima sentida en la planta de los pies lo agigantaba, lo hacía enorme. Se edificaba enseguida, con una velocidad abrumadora, desde lo más bajo hasta la gloria. Y creo que Tristano, quien compone este tema en homenaje a su figura --y sospecho que a su paso por la Liga Italiana-- debió pensar algo parecido, porque acá está todo esto que acabo de inventar, hecho música, e incluso con reminiscencia de aquella conocidísima canción del Mundial de Italia '90, “Un'estate italiana” compuesta por Giorgio Moroder.

Voy a saltarme "Stroke" y a decir que "Rachel's run" se revuelve un poco indecisa, a veces, en lo que podrían ser trances de Infected Mushroom y el piano no aplaca esa sensación que el disco en realidad logra antes, por lo que para un cierre suena un poco excesiva.

Crece en baches toda la obra. A mi me asombra escuchar como de lo simple se producen explosiones rítmicas, poderosas. Creo que es una señal de ese supuesto talento del que nada puedo afirmar. Entonces sí: "Istiklaliya" es el emblema de Aufgang, quizá el que provee la mejor prueba de la potencia de sus miembros, conjugada. Lo que en el homónimo de 2009 fue experimentación dura y pura, pasada por el EP de 2010 --emblemáticamente en "Dulceria"-- se cuaja acá en una combinación asombrosa y lúcida, que después con el último disco de la banda, eximido de Tristano, se vuelve electrónica o post electrónica o lo que sea. 


Y remontemos de nuevo: todo es una ejecución de tres prodigios musicales, lo cual para muchos no garantiza ningún resultado --me incluyo--, pero que como obra, una vez pasada y repasada, instala una poderosa afirmación que posiblemente quepa entre esas: las bien resueltas, las impecables y atrevidas.


JMO

Stroke [mp3 320] 

martes, 20 de junio de 2017

Imágen y fidelidad. Beach House, "Bloom" (2012)







"A lot of people listening to music now just go, 'Good tones…' and that's it. But we're obsessed with
songs. Sometimes, I feel like people aren't even listening to our songs, they're just listening to the sound."


(Agradezco la escucha a Hernán S., una tarde demolida en el departamento demolido de Pino)

Victoria siente el frío apoyándose en sus dedos, los mira y dice:

“Help me to name it
Help me to name it”

Transcurren los segundos y desde el público se la ve inmóvil, con las yemas suspendidas sobre el teclado. Atrás, sobre una meseta enrojecida del desierto de Sonora, una bola enorme parecida a una estrella se hunde, despacio, en el horizonte.

El público aguanta la respiración. Ella mira hacia atrás. La chancha se enciende. La tensión sube. La velocidad aumenta y la guitarra de Alex comienza a pasar al frente. Todo lo indica. ¡Y BAM! Entonces arpegia y se escucha:

“Found yourself in a new direction
Eons far from the sun”

Ahí mismo, tema uno y ya hay uno de esos picados tipo esmerejón cazando una golondrina para sumergírte de nuevo en el océano sonoro que es Beach House.

Lo reconozco: las comparaciones son siempre una tentación, sobre todo para una banda que algunos anons dicen es sucesora espiritual de Cocteau Twins --Guthrie mismo les lanza algunas flores y miguelitos-- y sobre todo con casi doce años de recorrido y seis discos de estudio. Brevemente:

Hay algo de shoegazing en BH. Sí. Se la compara a Slowdive. La voz de Victoria suena bastante así, y las guitarras punteadas y elongadas de Alex son una máquina del tiempo programada en los ‘90. Pero BH no pretende complacer ni ser "retro".

Ambos se conocieron en 2004 por un amigo en común. Beach House se conformó a finales de la primavera de 2005, y desde entonces trabajan juntos y por su cuenta: Alex es carpintero y Victoria bartender.

En 2006 sacan su primer disco de estudio, después de algunas presentaciones teloneando bandas como Grizzly Bear y Clientele. Acá voy a trazar mis líneas. Su primer disco es el comienzo del segundo. Ambos discurren por el mismo camino. Es recién con “Teen Dream” que BH se hace lo que vuelve popular a la banda: un emblema del dream-pop anglosajón.

“Bloom” sigue entonces a “Beach House” y “Devotion” como la primavera al invierno. Mientras “Teen Dream” todavía conserva cierta calma transitiva, “Bloom” se sostiene todo el tiempo arriba. Es consistente. Es mucho más grandilocuente en los arreglos que Beach House --se rumorean cuatro grabaciones de sonido ambiente en el disco, una de las cuales es el aullido de un coyote-- e incluso más potente que “Teen Dream”. Creo que tiene que ver con una presencia decidida de la batería, finalmente. Sí: a las bases electrónicas y sampleadas se suma ese batir constante, bases que son periódicas como un motor.* Entrar ambos pies en la avioneta y arrancar la música. Levantar vuelo, y entonces preguntar: "¿A dónde vamos?" Como sola respuesta recibir el bife de una pared de aire, una enorme franja del cielo cargada que se abre y ensancha y la puta... Es inmensa. La cualidad espacial de cualquier tema de Beach House --léase desde el homónimo de 2006 a este disco y los posteriores-- es alabable.

El sonido. Síganlo. Es un cuerpo, como algo que se escapa y huye entre hierba alta y árboles.

...

También creo que hay una declinación melancólica en la voz de Victoria Legrand que se explica perfectamente por la declinación, equivalente, en la comisura de sus ojos. Si se la observa con detenimiento un minuto, a lo mejor dos... entonces llega el convencimiento. Saber que está transmitiéndola con la voz.

...

(Take 2)

Hay dos formas de escuchar un disco: como algo homogéneo o por partes. El dúo baltimoreño de Alex Scally y Victoria Legrand es de un sabor tan parejo como el azúcar, e igualmente versátil en sus términos. Realmente creo que tiene una cualidad organoléptica gustativa, parecido a una naranja fragante pero demasiado dulce. Casi ácida, como un dulce hecho con fruta pasada.

Creo que lo mejor del disco llega en la segunda mitad.
A partir de "Troublemaker" se deshacen un poco [[[(AB)USA LA MISMA IDEA DE LA PRIMERA MITAD DEL DISCO, ES EL TEMA QUE LA LIQUIDA Y EL MÁS SOMBRÍO JUNTO A «NEW YEAR»]]] “New Year” se anima ya a un montón. Un tema absolutamente hipnótico, de fondos texturados y luctuosos, loops de guitarra a morir y la voz de Victoria saltando al vacío.

La banda produjo un video con cuatro temas del disco que alimenta perfectamente la imaginería de su música con muchos de los adjetivos que acabo de usar. (*) El sonido de un motor diésel y el vértigo de estar despegando en un avión --¿por qué no un biplano?-- me hace pensar en campos que se alejan y en un panorama inmenso de la tierra. Me hace, pienso, por efecto de la persecución continuada del cuerpo que se escabulle en inmensos montes, pensar en la suavidad con la que el relieve parece jugar cuando uno se eleva lo suficiente. Nunca te dejan caer.

Nunca.

Es siempre la sombra de ese biplano sobre el relieve de un campo verde-amarillo incalculable de Francia, Santa Fe o Carolina del Norte, continua, variando su tamaño con el tiempo, velocidad de crucero.

(Volviendo)

BH es una banda que no pretende ser banda de hoy. Sostienen una ética de trabajo. Son dos músicos con un proyecto común --no se aman ni nada más o menos carnal-- y un perfil similar. Rehúsan contar historias de amor, pero sus canciones fuerzan la búsqueda de emociones afines por el espacio negativo y las imágenes que evocan. Hay algo de eso. Y si pretenden bajar de ahí arriba recomiendo dar otros dos pasos en su carrera y escuchar “Depression Cherry” y “Thank Your Lucky Stars”.

En fin. Se viaja muy bien con esta música. Es pop aglomerado e intenso, vibrante.

Ojalá lo disfruten tanto como yo.

JMO

Irene [FLAC]


miércoles, 14 de junio de 2017

Matthew Dear, "Black City" (2010)




"Love me like a clown
Love me like a clown
Love me like a clown"


Otra de tejanos.

Matthew Dear nace en Kingville, Texas, en el '79. De pibe todavía, habiéndose mudado a Michigan, lo fascina el sonido del Detroit Techno. Co-funda su sello discográfico con Sam Valenti IV, Ghostly International, y comienza a producir sencillos que son éxito en las pistas de baile y eventualmente un primer album en el '03, "Leave Luck to Heaven"
"Black City" es un disco subterraneo --como el club nocturno "Rectum"-- masoquista y hermoso. El primer tema, "Honey", es deslizarse hacia algún lugar más adentro, oscuro. Los ecos y las cavernas. En "I can't feel" se puebla más el espacio, y empiezan a apilarse varias bases. Recién con "Little People (Black City)", una enorme pieza que consta de tres partes bien distintas, el disco reclama rápidamente su territorio. Está en penumbras y la atmósfera está prendida de electricidad, lo habitan personajes recurrentes y darle vueltas a esta metrópolis insomne e imaginada es el viaje. El disco tiene un ritmo implacable, y diría que carece de silencios. El descenso se hace notable, no obstante, ya en el ante último tema. "More Surgery" sugiere una regularidad maquinal de carne, sorda. Dice: "This local sedative / Makes total body slow / Alter genetics / To make my body glow / I'm not too critical / That's just the way to grow / I need more surgery / There's so much more to know" Toda una distopía --todo un disco, si me preguntan-- para tener de fondo cualquier noche.
 
Después llega "Gem", una balada larga y flotante, y para mí, agotadora (está cansada, como todos los demás temas con la misma voz monónotona de Dear), y el cierre. Gracias a dios el cierre. No podía esperar para dejar este disco atrás. Lo escuché tantas veces --tantas--, hace siete años que lo escucho, hasta en la ducha lo escucho, y ahora no quiero saber más nada. Nada.

Finalmente lo entierro para mí y lo entrego a los demás.

JMO

Slowdance [FLAC]




miércoles, 7 de junio de 2017

Cocteau Twins, "Blue Bell Knoll" (1988)



"There, you can have my youth, I know I have loved"


La primera vez que escuché Cocteau Twins o antes estaba echado, semi-despierto, profundamente intoxicado y recobrando el espacio pedazo a pedazo: techo alto, manchas de humedad, pilas de papeles y libros, y R. entonces dice "¿No escuchaste Cocteau Twins?" y seguro que después dejó el Gitane a medio consumir en el cenicero, clavó las manos frente al monitor y le dio play a "Heaven Or Las Vegas"

Singulares las noches cuando engendran algo tan luminoso.

La discográfica de Ivo Watts-Russell, 4AD --que dio cobijo y orientación a Bauhaus y Pixies, entre otras maravillas-- se describe a si misma en una larga nota publicada en su sitio como marcada por un estilo "hermoso, oscuro e insular" profundamente definido por la relación de diez años que mantuvo con Cocteau Twins. La atmósfera melancólica es un sello de CT. Si en un período de cuatro años que comienza con "Treasure" en el '84, atraviesa "Victorialand" en el '86 y llega al '88 con esta producción, es posible producir tres obras (no cuento acá su colaboración del '86 con Harold Budd) tan evolutivas, creo que es solo porque se reúnen bajo un mismo signo. Y es que a partir de "Blue Bell Knoll" CT encuentra una meseta que explorar. Nuevamente como con Portishead hay una cuestión identitaria inconfundible en la voz de Elizabeth Fraser. Le dicen a Robert Guthrie [https://www.youtube.com/watch?v=8dT6yut5sgk], después de que haya mencionado las dificultades que tuvo Cocteau Twins en 4AD, que todo aquello no pareció afectar la calidad de su trabajo por entonces. El dice que es gracioso, pero no, con la mirada ausente, hacia adentro. Es que eran pibes, y en las grabaciones recibían, según cuentan Raymonde y Guthrie, muchos "chirlos". Su papel era el de la banda joven, y detrás de las consolas los adultos mandaban. Finalmente pudieron montar un estudio propio y, en efecto, fue producido enteramente por ellos bajo el sello de 4AD. 

El nombre que recibe el disco fue tomado por Fraser de un pico en el sur de Utah. Este álbum está en ahí lo alto. Es un disco aéreo, que toma vuelo gracias a las guitarras de Guthrie, siempre tan afecto a lograr atmósferas. La voz de Liz se despega de la bandada y toma rumbo propio, pero sin huir, juntos y libre. Es admirable.

Sonido de aleteos. Fragancia frambuesas. Todo lo que se transmite tiene esa cualidad: etérea. Correcto, es un adjetivo remanido para CT. No me importa, le va como anillo, y no me gusta embolsar en géneros, pero trazando la linea y dentro de mi corta escucha es Beach House una de las bandas que mejor logra encaramarse en esa tradición que alguna vez en los '80 dijeron "dream-pop" y acá evoca "etérea".

Es verdad también que me gustan los discos "álbum", los que cuentan historias, y de a momentos se me hace un pelín aburrido Blue Bell Knoll. No es que no tenga momentos, es puro "momentum", pero el fondo climático más interesante quizá sea el del primer tema, y las promesas posteriores se alinean todas, cielo abierto, con pocas tensiones.

Los pibes lo disfrutaron un montón, entonces aún lo hacían, y eso al menos, se nota. Acá está lo que dejaron.

JMO

Spooning Good Singing Gum [FLAC 24-96]
Spooning Good Singing Gum [MP3 256]




martes, 30 de mayo de 2017

Portishead, "Third" (2008)





"Esteja alerta para a regra dos três:
O que você dá retornará para você.
Essa lição você tem que aprender.
Você só ganha aquilo o que você merece"

"Sé consciente de la regla de tres:
Aquello que das te será devuelto.
Esta es una lección que tienes que aprender.
Solo obtienes aquello que mereces."


Diez años.

Desde el mítico concierto en Roseland ("Tierra de Rosas") diez años.
Portishead, banda hoy perimetral, noventosa, fácilmente ignorable, ahí está: diez años después de un concierto digno de su fama produciendo un nuevo disco.
Eso fue hace diez años.

¿Seguimos contando?. Nah. Vamos a la música.

"Third", el tercer album de la banda (valga la redundancia), bulle y sale a la superficie con una naturalidad sombría, del primer al último tema.  Digo: si hubiera una banda que se acoplara a un movimiento musical de fusión en los '90, y luego se disolviera en el silencio, ningún retorno a los estudios sería más sorprendente que éste. ¿Por qué? Porque pese al éxito, a lo ajustado de su tónica, no se trata de más de lo mismo, y es que en definitiva sus integrantes fueron cambiados por diez años de vida.

"The pace, the time,
I can't survive
It's grinding down the view
Breaking out which way to choose
A choice I can't renew"

Dice "We Carry On", y es que del '98 al '08 hay un salto abrumador. Más aún: de "Dummy" (el '94) a entonces la distancia marea. No es que haya pasado tanto tiempo, pero pasaron muchas cosas.
"Ok Computer", "Turn on the bright lights", y los proyectos personales de cada músico, todo presente. Beth Gibbons es el componente más reconocible de la banda. Después de todo, es explícito que intentaron no usar un solo instrumento que hayan usado antes. Ella, tan vulnerable como siempre sonó, una poetisa removida, firme e inconforme. Todo su lirismo sentido se viste, esta vez, de sonidos lívidos y poderosos, los de "Third", creo yo el más eléctrico y existencial de los tres discos. La fragilidad semi-fingida que siempre supo entregar Beth, Barrow con esa batería eléctrica monstruosa, el teclado envolvente de Utley, todo monta el escenario para que la melodía sea el personaje de la saga oscura que relata el disco, visualmente palpable desde los cielos rotos en "Hunter" al simil en los sintetizadores analógicos de "Machine Gun". Si un asombro se fuerza al escuchar esta banda, es lo difícil que resulta imaginar algo que falte, o que sobre, en cada cosa que hallan hecho.

Me sobran palabras. Lo sé. Entonces la propuesta es que miren ésto [concierto del 2008, Prive, un canal francés] Beth, con cuarentitrés, sosteniendo el micrófono con la misma intimidad de diez años antes (extraño el cigarrillo...) Barrow alucinado, fundido al ritmo y ofreciendo una cuota de distorsión justa. Adrian Utley soltando unos acordes espaciosos, fungiendo de bajista y tecladista, lanzando bases anchas y caminos melódicos oscuros.

Portishead se reinventa, vuelve de los '90 y exorciza todo lo que haya podido parecerse a Massive Attack y la escena de la vanguardia Europea de aquellos años.

Krautrock y post-punk. Trip-hop y electrónica. ¿Importa? Escuchen el disco. Ninguna palabra representa la música. Arrancamos este blog y afirmo que este es el ejercicio más vano y envanecido de todos.

JMO

Nylon Smile [FLAC]


https://mega.nz/#F!cpcDnYID!d_a4L5F7h1o8lYvLKThADw