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lunes, 12 de febrero de 2018

Vamos a perdernos. Royal Trux, "Cats and dogs" (1993)



Al momento de salir el album "Cats and dogs" la pareja conformada por Neil Hagerty y Jennifer Herrema lidiaban con entusiastas adicciones que los habían llevado a padecer miserias, enfermedades y ciertos despojos materiales, como vivir en la calle y en la indigencia mientras, en cambio, el sacudón opiaceo colmaba de placer sus centros encefálicos. 

La adicción requiere la entrega total. 

Algunas bandas colegas y de cierta cercanía declaraban su rechazo a ese tipo de hábitos. El rigor y el profesionalismo de una banda en ciernes exitosa no debía agendar esas desviaciones. La extraordinaria obra de esta banda no puede dejar de sopesarse por estas contingencias en las vidas de estos jóvenes talentos. Teniendo en cuenta que Hagerty había tocado en la seminal banda Pussy Galore junto a Jon Spencer, el capital artístico con el que contaba y su ambición eran ya frondosos. Jennifer Herrema tenía solo 15 años cuando se unió a la aventura Royal Trux. Su voz carrasposa y su sex appeal roto se ensamblaban justo con esa música avant garde que se introducía, como tantas otras veces, en las tradiciones de la música negra norteamericana y que a los blancos les gusta intervenir con asombro por la cultura que esa colectividad parió. Porque del dolor y el sufrimiento de millones de esclavos negros arrancados de la lejana África y que fueron decisivos en la construcción de la riqueza y el poder de ese Estado y ese país, surgieron los ritmos seminales que signarían los cánones de la música de EEUU y de los próximos decenios. El rhythm & blues significo para Royal Trux una profunda lectura de esas raíces y que sirvió como puente traducible de sus vidas y sus expansiones por la mente y la experiencia de la heroína. 

Los discos previos habían sido tres: "Royal Trux" (1988), "Twin infinitives" (1990) y "Royal Trux" (1992) Cada uno de ellos documentó lo que en sus vidas ocurría. En todos ellos el sonido se difumina brumoso, de a ratos chatarrero y deriva en una componente vaga, haragana, disoluta. Alucinación, pesadilla y extenuación. Los estados del goce que lanzados llevaban adelante y perseguían. Acompañados por una sección percusiva llana, sintetizadores, guitarras apenas rasguñadas, mezclas de cintas enmarañadas en sonidos incordiantes y las dos voces emergiendo de esos extravíos. Los tres discos son obras singulares, unidades orgánicas en las qué, en conjunto, se percibe atesorada la experiencia de la droga y la ambición de proyectarse más allá de los límites de la conciencia.

Desde ese punto surge el extraordinario "Cats and dogs" en 1993. Un punto donde las fuerzas y las maravillas del goce se reconvierten en mero atasco de lo que ya no vuelve como placer o ensueño. O de terror y escalofrío. Ya no pega. La droga se convierte en ilusión y recuerdo. El paraíso perdido. 

“Cats and dogs” es la mera enunciación de lo ya visto en terrenos recorridos con ahínco y ardor. Hasta se me antoja que es el fin de una etapa y el comienzo de otra. El primer tema "Teeth" arranca extenso, árido y deja sentada la base más fuerte de su música de aquí en adelante: la de la arenga. Las voces de la pareja se atropellan en una suerte de hip hopeo "a lo Royal Trux". Cadencioso y urgente. Los Rolling Stones son una referencia ineludible que se hace notar, pero sin groove mediante, suena a mal viaje. No hay "gusto", ni paraíso, ni caliente, ni frío. Solo una quietud seca y estática que los arranques arenguísticos no pueden disipar. 






"Estoy sobre una cama de piedra o arena y no hay manera de levantarse. Las fuerzas me han abandonado y solo puede relatarles lo que recuerdo, solo de a ratos". 

Desde una solemnidad no deseada el disco transcurre como un cansino brevario opiaceo y volitivo. Las palabras testamentarias y la arenga reaccionaria. De reacción y de languidez. La guitarra de Neil es el volante que maneja en las curvas de esta carretera, no hay bajo ni lo va a haber hasta el próximo disco. Hasta ese momento esa linea no estaba presente en ninguna de las grabaciones de Royal Trux. Guitarras, percusiones, batería y las dos voces que se mimetizan y se funden en una. El tufillo maquetero que tanto se le endilga a la banda se reafirma en ese decir fragmentario y agónico. No hay discurso, solo espasmódicas arremetidas en forma de arenga. Filoso, perfecto. 

La selección de temas es ideal y se van acoplando uno a uno:

“Teeth”
“The flag”
“Friends” 
“The spectre” (tan stoniano)
“Skywood grernback mantra”
Los dos temas centrales “Turn of the century” y “Up the sleeve” donde lo extático se vuelve estático, 
“Hot and cold skulls”
“Thigth pants”
"Let's get lost"
 y el sublime final: “Driving in that car”



Se me ocurre que hay una similitud de este disco con el "Isn’t anything" de My Bloody Valentine en cuanto al impulso dinámico que toma, su tempo, similar en el armado del disco y el resultado final. Con diferentes búsquedas, claro está. 

Si nos metiéramos en camisa de once varas o en arrogantes disquisiciones se podría arriesgar que fueron la última banda que intentó acabar con el rock ‘n roll asestándole golpes y navajazos directos a los órganos vitales del género. A la vez que resucitaban de él lo rancio, lo sucio y valiente que supo tener. La última gran banda de rock en ser peligrosa, destructiva.

El vínculo amoroso de la pareja, persistente 16 años, es un factor decisivo en la historia que ellos sellaron mas allá de contratiempos, vicisitudes y demases. Las historias que se construyen en las epopeyas cotidianas o en los lapsos que la historia remarca como vitales dejan de lado las rencillas que los pequeños egos aplastan con la miopía que el tiempo deja olvidadas. 

La prensa del negocio de la música nunca mostró demasiado interés en este disco y en esta banda, en cambio envalentono propuestas artísticas conservadoras que les sirvió para etiquetar y lanzar una escena que insuflara nuevos aires en el show bussines de la época

No teniendo Royal Trux recordatorios ni grandes palabras para el museo rockero, continúa en secreto y permanece hoy como "un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores..."






















lunes, 14 de agosto de 2017

De un castillo a otro. Nico, "Desertshore" (1970)


Este disco de 1970 es un tesoro poco recordado de la alemana Nico. O al menos mas relegado que otros de sus discos de ese momento.
Modelo, actriz, cantante, cantautora y símbolo de esas vanguardias pop europeas y neoyorkinas de los años 60s y 70s, y donde
Andy Warhol dice la leyenda, impulso su presencia en el disco de debut de The Velvet Underground a regañadientes de Lou Reed sobre todo. Para bien de la historia su voz congenio a la perfección con la estética de la banda en tres canciones de un estilo que denotaba nocturnidad y decadencia y que ella doto decisiva e incisivamente.
Chequear Femme Fatale, “All Tomorrow Parties o “I’ll Be Your Mirror en la voz de Nico en ese gran disco de Velvet Underground, confirma que se integra perfectamente a un conjunto de canciones de una modernidad trepidante e inigualable.


Editado en diciembre de 1970 y con las colaboracion multinstrumentista de John Cale y el productor folk Joe Boyd.

El silencio es un elemento presente junto al anacrónico sonido del harmonium, ni una pizca de misterio y vanguardismo se pierde de esta obra aun con el paso de los años. Sin duda fue una importante influencia dentro de la música pop hecha posteriormente y dentro de los subgéneros del rock de mayor y menor valía se delataría su influencia.
La voz de Nico subyuga a partir de su teutónico acento, en apariencia monocorde. Ella con su voz de contralto  impone gravedad, hondura y dramatismo sin igual. Como sumergida en leyendas medievales donde la imaginación nos lleva a espectrales figuras de tiempos antiguos el mínimo acompañamiento instrumental suspende romántica toda noción de presente.
Los títulos de los ochos temas varían del ingles, el aleman original de la artista y hasta el frances donde su pequeño hijo Aaron hace su particular aporte en "Le Petit Chevalier" remarcando la bohemia y disfuncionalidad que a aquellos artistas siempre particularmente se les permite. Aaron era hijo de parte de padre nada menos que del mítico Alain Delon. Glamour, celebridad y talento por doquier.
Agregaría que esta obra es ideal de escuchar en esas noches de invierno silenciosas o en grises tardes donde no esperamos nada ni a nadie.

Ruben Detroit


Janitor of Lunacy [FLAC 24-96]

viernes, 9 de junio de 2017

La larga noche del post-rock. Slint, "Spiderland" (1991)



"I too am tired now
Embracing thoughts of tonight's dreamless sleep
My head is empty
My toes are warm
I am safe from harm"


 

Recuerdo que en una vieja revista Rock De Lux circa 1992-93 salía una corta reseña del disco de Slint  "Spiderland" junto a la portada del disco que es una fotografía sacada por el ahora ilustre Will Oldham amigo de la banda. En ella se los ve en un río mirando sonrientes a cámara, con unas barracas altas y rocosas de fondo, en un sobrio paisaje retratado en película blanco y negro. 
Esta banda y este disco pasaron desapercibidos en su momento entre las ciento de bandas buenas y de las otras que pululaban en la gran industria de rock de habla inglesa. La presencia del reputado Steve Albini que había trabajado en el anterior disco llamado "Tweez" y que los elogiaba y apoyaba les daba crédito. Al igual que Kramer otro productor estrella de la época también solía trabajar con bandas excitantes, originales si se me permite la expresión. Si ellos estaban ahí "era por algo"...
El disco que sale en 1991 es revisado poco tiempo después por el periodismo musical cuando ya la camada de bandas que la prensa etiquetaba como post-rock era reconocido como inmediato antecedente de todas ellas.
El género  post rock contenía un abanico de características que se hallaban entre otras en el lejano "progresivo" pero que en algunas bandas estaban más tamizadas por "lo punk" en cuanto su prescindencia del virtuosismo instrumental y el acento puesto más en la expresión, en el gesto . 
Slint estaba alimentada por el hardcore según se puede percibir, arriesgar.
La tensión en su música es permanente. Las guitarras cortantes dejan escapar aire cuando la voz chilla breves y lamentosas palabras. La contundente y persistente presencia de el bajo y la batería guían el camino, la dirección tomada. Y cuando la guitarra y las voces se crispan solo son por unos segundos. Las bases retoman el control.
Todo parece enclaustrado. En el hardcore yanqui anterior el de los 1980s, la música daba cuenta de las neurosis en los hogares del imperio. Un tremendo malestar existencial, social, viraba para el lado del alcoholismo, las drogas, las armas, la idea del suicidio, eso contaban las historias speedicas en las canciones. O sea lo que nunca dan cuenta las investigaciones académicas o las películas o series de tv que día a día nos alimentan.
El disco transcurre pues, en seis temas de introspectivas historias, que la voz y la austera sonoridad hacen reprimir la explosión, o al menos sosegar. En su música trazan muchas coordenadas de lo que a posteriori bandas como Mogwai tratarían de desarrollar quizás desde otro lugar. Lo que se dice en las canciones, lo que se declama parece sumido al sonido y siempre a punto de retirarse. En el post-rock muchas bandas directamente excluyen/excluyeron las palabras y se manifiestan solo en el sonido de los instrumentos.
Slint pareciera querer comunicar algo escuetamente antes de retirarse y así lo hacen. Decir lo justo. Solo lo justo.


Washer [24-96 FLAC]
Washer [FLAC] 




miércoles, 31 de mayo de 2017

Lift to Experience, "The Texas-Jerusalem Crossroads" (2001)



"Don't you boys know nothin'? The USA is the center of Jerusalem."
 

Cuando empezaba el nuevo siglo en uno de los periódicos de la ciudad dominante, Buenos Aires, se publicaban dos notas sobre: Black Rebel Motorcycle Club y Lift To Experience, noveles bandas norteamericanas que la industria musical lanzaba y que en los dos casos se referenciaban más sobre el rock británico que de los USA.
En el caso de Life llamaba la atención en las fotografías publicadas su aspecto de cowboys, de yanquis del sur "atrasado" según uno imagina. Pero leyendo de a poco entrevistas y notas de los medios especializados sorprendía su reivindicación del indie inglés anterior. Sus aspectos toscos daban más cercano a Neil Young o similares, que a las introspectivas, ruidosas y narcotizantes referencias inglesas. Sorprendían citando entre sus referentes a bandas como My Bloody Valentine, Ride o Cocteau Twins!.
Del único disco que editaron en 2001 se asienta su sonido de océanicas guitarras. La voz de Pearson musita sobre apocalipsis e imaginerías religiosas, mientras la idea de un largo viaje de ensueño se apodera del oyente que acepta el convite al doble album.

En mi experiencia personal, podía reconocer en "The texas-Jerusalem crossroads" a bandas anteriores como las nombradas. Y más todavía, desde el lejano 1977-78 que siguió al punk y al postpunk y que fue hilando distintas camadas de escenas y músicas que pretendían salirse de la medianía que la industria ofrecía.

En el caso de este album la personalidad de la banda le insufla misticismo a una clásica formación de guitarra, bajo, batería que a lo largo del disco se armoniza en un sólido y punzante orden sonoro, que comanda el vuelo para despeñarse por instantes en pozos profundos y reflujos celestiales pero siempre nocturnos, marcianos.

Como un sueño extraordinario, largo, oscuro y vertiginoso transcurre, adherido a sus juego de voces flotantes, este disco que no dejó de ser recordado y escuchado nunca por el escriba a lo largo del tiempo.

Ruben Detroit

Just as was told [FLAC]


https://mega.nz/#F!8wtlCSiR!SpEoayXlpPw2dZXokE5U4w